La secuela directa de El cuento de la criada, ambientada 15 años después y centrada en el posible colapso de la República de Gilead. Narrada por tres mujeres —la Tía Lydia, Agnes Jemima y Daisy—, la obra revela el destino de personajes clave, la corrupción interna del régimen y la lucha de la resistencia Mayday desde Canadá.
Llega la esperada segunda parte de Quicksilver en una edición con cantos pintados y cubierta ilustrada reversible.
Deber. Sangre. Honor. Poder.
Saeris Fane no ansía poder. Lo último que necesita es que toda una corte mencione su nombre entre susurros, pero ahora que la han coronado como regente de la Corte de Sangre, acaba de descubrir que una reina no es dueña de su vida. Un gran peso descansa sobre sus hombros.
Su distrito y su hermano necesitan que regrese a su tierra natal..., pero los cambios que la han fortalecido también la han debilitado. Nacida bajo soles ardientes, Saeris morirá a buen seguro si regresa a su casa a través del mercurio. Así pues, una vez más debe enviar a alguien en su nombre...
Kingfisher de Puerta Ajun ha derrotado a ejércitos y sobrevivido a todo tipo de horrores, pero puede que viajar de regreso a Zilvaren junto con Carrion Swift le cueste la vida. El contrabandista se niega a cerrar el pico. Los aguardan todo tipo de peligros ocultos en los estrechos callejones de la Ciudad de Plata, secretos que plantean imposibles amenazas. Fisher tendrá que llevar a la fuerza a Carrion y cumplir su misión a toda prisa si es que quiere volver a ver a Saeris.
La oscuridad cae sobre Yvelia. El reino y sus amigos están en peligro. Juntos, Saeris y Fisher tendrán que atravesar fuego y azufre para salvarlos.
Entre mediados del siglo XIX y del siglo XX, un puñado de hombres y mujeres cambiaron la manera en que vemos el mundo. Algunos de ellos serán para siempre nombres de referencia: Marx, Freud, Proust, Einstein, Bernhardt, Kafka... Sin embargo, muchos otros nombres se han ido borrando de nuestra memoria colectiva, aunque perdura su importancia en nuestra vida diaria. Sin Karl Landsteiner, por ejemplo, no habría transfusiones ni cirugía mayor; sin Paul Ehrlich no tendríamos quimioterapia; sin Siegfrid Marcus no existirían los automóviles; sin Rosalind Franklin la ciencia de la genética no sería la misma; sin Fritz Haber no habría suficiente comida para sostener la vida en la Tierra.
Todos estos visionarios tienen algo en común: su origen judío y su capacidad para el pensamiento original. Cómo lograron ver lo que otros no pudieron es el tema de este libro.