Una peligrosa alianza entre una novia vampira y un licántropo alfa da lugar a una historia de amor tan intensa como para querer hincarle el diente
Misery Lark, la única hija del consejero vampírico más poderoso del suroeste, es, de nuevo, una marginada. Los días de anonimato entre los humanos se le han acabado: su padre recurre a ella para poder llevar a cabo una alianza de paz histórica entre los vampiros y sus enemigos mortales, los licántropos, por lo que no le queda más remedio que resignarse al intercambio. Otra vez...Los licántropos son despiadados e impredecibles, y su alfa, Lowe Moreland, no es la excepción. Lidera a su manada con total autoridad, pero siempre de forma justa y, a diferencia del consejo vampírico, con compasión. Por el modo en que no pierde de vista a Misery, está claro que no se fía de ella. Y bien que hace...Porque Misery tiene sus motivos para haber accedido a ese matrimonio de conveniencia, motivos que nada tienen que ver con la política ni con ninguna alianza, sino con lo único que le ha importado en la vida. Y está dispuesta a hacer lo que haga falta para recuperar lo que ha perdido, incluso si para ello debe vivir a solas en territorio licántropo; a solas con el lobo.Trono de cristal alcanza nuevas alturas en este cuarto volumen.
Una épica travesía que ha cautivado los corazones y la imaginación de millones de personas en todo el mundo y que en su cuarta entrega mantendrá a los lectores embelesados mientras la historia de Celaena avanza in crescendo, a un ritmo de infarto que sacudirá el orbe de la nueva reina.
En esta cuarta entrega de la serie bestseller de The New York Times continúa el viaje épico de Celaena, cuya intensidad va en aumento hasta alcanzar una apasionada y terrible crisis que podría destrozar su mundo.
Si eres humano y entras en el bosque, solo encontrarás la muerte. Pero yo no soy una simple humana. A mí me llaman «bruja».
Faelyn es una de las últimas brujas con vida, y su única responsabilidad es mantener en pie las barreras protectoras del bosque, donde merodean los lykins, criaturas capaces de cambiar su piel por pelo. Así es cómo protege a los humanos de la naturaleza violenta y salvaje de los hombres lobo. Pero cuando Faelyn se encuentra con el espíritu primitivo de la luna, no solo se convierte en el objeto de deseo del rey de los lobos, sino también en la clave para que él conserve su corona.
Decidido a controlar la magia del espíritu de la luna que ahora reside en ella, el rey reclama a Faelyn como su prometida. Pero ella se niega a aceptar una vida de servidumbre; y para evitarlo, traza un peligroso plan con la ayuda de un aliado inesperado.
Evander, apuesto y leal, es la mano derecha del rey y el protector jurado de Faelyn. Pero las apariencias engañan. El lykin busca sin descanso formas de acabar con la brutalidad del rey, y ayudar a Faelyn se convierte en uno de sus objetivos. Pero Evander esconde secretos... secretos que podrían cambiar la vida de Faelyn para siempre.
El puesto de Floriane en la Aldea de los Cazadores es venerado, ya que sus habilidades arman y protegen a los cazadores de vampiros. Sabe cuál es su lugar y es una fiel servidora del maestro de los cazadores y de su comunidad. hasta la noche de la luna de sangre; hasta que su hermano está muriendo a manos de Ruvan, el lord de los vampiros.
En un intento por defender su hogar a toda costa, Floriane lucha contra el lord vampiro, dispuesta a perder su vida si eso significa arrebatársela a él. Pero Ruvan no quiere quitarle la vida. la quiere a ella.
Tras ser secuestrada y llevada al castillo vampírico, Floriane adquiere un compromiso de sangre con el lord de los vampiros; ahora está ligada en cuerpo y mente a su peor enemigo. Pero Ruvan no es el ser desalmado que ella creía, y Floriane descubre la verdadera naturaleza de los vampiros: no son monstruos sin conciencia, sino un pueblo orgulloso, incomprendido y torturado por una antigua maldición.
Ruvan cree que Floriane puede ser la clave para acabar con el sufrimiento de su gente. Y ella solo quiere defender su hogar. Pero las lealtades se pondrán a prueba mientras la línea que separa la verdad de la mentira se difumina.